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¡Feliz año 2024! Es un placer comenzar este año teniendo este contacto a través de esta carta. 
Vamos derecho al grano ¿Qué tal viene este año? Para ser más directo: ¿alcanzaste todo lo que te propusiste en 2023?
¿Te quedaron algunas cosas pendientes? ¿Algo te quedó en el tintero y no se pudo plasmar?


A todos nos pasa que siempre nos queda algo colgado, algo que no concretamos, algo que nos produce esa sensación de lo que podría haber sido y no fue. Sí, sí, muchas veces nos faltan dos para el peso. En reiteradas ocasiones queremos llegar a cierto lugar, pero no queremos caminar; queremos cosechar sin sembrar, o peor aún, no esperar el tiempo que amerita para que el fruto nazca y esté maduro.  Pablo sabía bien de eso, él era consciente que en la iglesia de Tesalónica había personas que querían vivir un poquito “de arriba” y que no estaban dispuestos a contribuir en nada. 
Tenemos que esforzarnos, trabajar en aquello que queremos alcanzar. No vamos a lograr nada pensando en lo que podríamos hacer, o lo que podríamos lograr con determinados proyectos; necesitamos poner manos a la obra. 

Pablo dijo: “Porque aun cuando estábamos con vosotros os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3:10 LBLA). Es una realidad: para poder participar de algún tipo de fruto, primeramente deberemos esforzarnos por alcanzarlo. Nada va a venir de las intenciones si estas no son llevadas a la práctica. 

Necesitamos planificar con sabiduría, no porque estés leyendo esto vas a salir corriendo a hacer todo lo que más puedas con tal de decir que hiciste algo. No, Salomón nos deja un gran consejo: “Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!” (Proverbios 21:5).

Te invito a planificar el año y analizar qué acciones son necesarias para concretar esa planificación. Una vez hecho esto, buscá la forma de instrumentar (poner en práctica) todo aquello que está en tus anotaciones, y que puedas ver resplandecer grandes frutos sobre tu vida como dice Hebreos 12:11 (NVI) “Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella”.
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