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Durante el embarazo

 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”. (Efesios 1:2-6).

Por cuanto la Palabra me cuenta que había ‘un hombre tullido desde el vientre de su madre’ (Hechos 3:2) yo declaro en el Nombre de Jesús que mi hijo o hija –lo que Tú me concedas- será formado/a perfecto/a por Tus propias manos en cuerpo, alma y espíritu (Salmos 33:15).

Consagro a Ti la vida que palpita dentro de mí para que desde ahora que está en mi matriz sienta una santa atracción por el Señor Jesucristo y no sea de aquellos que se desvían desde el seno materno (Salmos 58:3).

Me comprometo a hacer mi parte para que este bebé tenga un cuerpo sano, recordando los consejos que le diste a la mamá de Sansón (Jueces 13:4 y 5); controla Tú, su formación interior y espiritual mientras tengo yo cuidado de aquello en lo cual me detengo para que mi alma no se contamine, porque lo que me afecte afectaría la criatura en formación. Hazme vigilante, que siempre vele por lo que ven mis ojos y lo que escuchan mis oídos, para que mis pensamientos y sentimientos sean gratos delante de Ti. Dale un corazón conforme al Tuyo, que sea sensible a Tu voz, puro, obediente a Tu voluntad, fiel a Ti y a Tu llamado.

Durante estos nueve meses de embarazo, múestrame Tu destino para él/ella, mientras yo te ruego que sea bueno, valiente, que ame el trabajo, sabio, generoso, entusiasta, creativo, respetuoso, lleno del gozo del Espíritu Santo, amistoso, compasivo, inteligente. Que crezca como el Niño Jesús en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y de los hombres (San Lucas 2:52).

Tus ojos que recorren el mundo, ven el embrión que se desarrolla, instante a instante, en mis entrañas (Salmos 139:16) ; y por Tu amor llega hasta él la revelación de Jesucristo; ¡destínalo para una misión especial dentro de Tu Reino!

Prepárame para ser la madre de esta criatura tan especial, esta preciosa herencia que Tú me concedes (Salmos 127:3-5); que sea “Como saetas en mano del valiente…” y yo bienaventurada. Mi hijo ó hija vivirá larga vida, será feliz, honrará Tu Nombre. ¡Es bendito el fruto de mi vientre por mil generaciones por Jesucristo! Amén.

Oración diaria

Gracias, mi Dios, por el sacrificio de Jesús que me permite acercarme hasta Tu presencia; ¡gracias, precioso Salvador!

Hoy presento a mis hijos delante de Ti y te agradezco por sus preciosas vidas. Gracias porque les hiciste perfectos desde la fundación del mundo y les creaste para este tiempo y para que vivan en este país con un propósito que llevarán a cabo con los dones que les has otorgado. Confieso que el camino delante de sus pies es amplio y nunca se apartarán ni a diestra ni a siniestra de él, pues conocen Tu voz y Te siguen.

¡Gracias, Señor, por un nuevo día que puedo compartir con mis hijos! Te alabo, por Tu fidelidad y amoroso cuidado para con ellos. Gracias, Espíritu Santo, por mostrarles Tu camino a seguir este día.

Ayúdanos, Señor, a su papá y a su mamá a adiestrarlos para que te conozcan íntimamente y decidan amarte y seguirte todos los días de sus vidas. Ayúdanos a enseñarles  hábitos espirituales por precepto y por ejemplo y que te sirvan de todo su corazón, con toda su mente y un espíritu dispuesto y puro.

Gracias porque mis hijos son como José, una rama fructífera; y se parecen a Daniel por su espíritu superior; son excelentes, están coronados de gracia y favor delante de Ti y de los hombres. Ellos vencen el mal con el bien, porque están cimentados en Tu Palabra y en Cristo, la Roca eterna de los siglos.

Confieso en fe que prosperan en todo así como  prospera su alma. Viven hoy como siervos tuyos y llevan cautivos sus pensamientos a la obediencia de Cristo, y son renovados por medio de la transformación de su entendimiento. Afirmo que no tienen espíritu de temor, ni de intimidación, no le temen al hombre sino sólo a Ti, el temor santo que les purifica y han recibido de Ti el espíritu de poder, amor y dominio propio.

Mis hijos como dice el Salmo 1 son como árboles plantados junto a corrientes de aguas, cuya raíz va profunda y aunque venga el calor y las pruebas, ellos siguen dando buenos frutos porque el Agua Viva de la Palabra les irriga y les nutre haciéndoles prosperar.

Gracias por ese ejército de ángeles que les cuidan y guardan sus pies del mal. Tú guardas su entrar y su salir; sus tiempos de soledad y en compañía. Gracias por hacerlos entendidos, sabios, justos, y ayudarlos en todo; tómalos de sus manos y corónalos de favor. Gracias porque Tú ensanchas su territorio y los bendices. Y con Tu bendición, ¡benditos son!

Cancelo toda palabra negativa dicha consciente o inconscientemente en contra de ellos. Declaro ilegal toda maldición generacional o autoimpuesta por sus propias palabras; ellos hablarán lo que edifica, serán como Tu boca, en el Nombre de Jesús.  Amén y amén.

 

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