Palabra rhema 2010 – (parte 2)
La Palabra de Dios dice que Dios nunca hará nada sin revelarlo a Sus siervos los profetas. Y justamente es como que cada año Dios nos guía, nos muestra qué es lo que quiere hacer en nosotros. Esa palabra la tomamos como un énfasis para el resto del año, aparece en las lecciones de Aliento Cotidiano, (nuestra publicación bimestral en la cual tenemos cada día una palabra de aliento) y todos los lunes una lección que todas las Células (reuniones hogareñas) de nuestra iglesia estudian; la llamamos “palabra rhema”.
Le doy un ejemplo. Cuando Jesús después que resucita se encuentra con dos discípulos, camina junto a ellos hacia una ciudad que estaba a casi once kilómetros de Jerusalén; cuando ya se iba le piden que se quede a comer el pan con ellos, lo cual acepta y dice que cuando tomó el pan, lo bendijo y lo partió, y “sus ojos fueron abiertos”. Muchas veces decimos “¡se me hizo luz!” Es como que el entendimiento de los discípulos fue iluminado, se les hizo luz, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Dice la Palabra del Señor: “Y, en ese instante Jesús desapareció de la vista de ellos…” y sigue: “¿no ardían nuestros corazones, mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras?…”. La Escritura, la Palabra de Dios tomó otro tinte, otro color, otro énfasis; algo que ellos escucharon como judíos que eran, desde niños, porque, por ejemplo, ellos se memorizaban el Pentateuco. Pero acá cuando Jesús le comparte esa Palabra, a ellos se les hizo vida, les ardía el corazón al escuchar lo que Jesús les estaba diciendo. Eso es una palabra rhema.
Uno pudo haber leído un texto en la Biblia un montón de veces, hasta saberlo de memoria, pero un día, se le hace luz. ¿No sé si le pasó alguna vez que alguna palabra se le hizo vida, le saltó de la página mientras la estaba leyendo..? Es como que esa palabra que uno sabe de memoria, en este momento o en esta necesidad, Dios se nos revela, se nos manifiesta y se nos hace vida; como dijo San Pedro: “Tus palabras son espíritu y vida” y es lo que sucede, esa palabra escrita se transforma en revelación que activa mi fe, es la palabra que trae solución, me indica el camino en una decisión, lo que produce un cambio y que me eleve en el nivel de fe y de conocimiento de Dios. Él y lo que Dios nos dice se hace real en ese momento, más real que cualquier cosa que podamos ver, tocar o sentir. Cuando esa revelación viene a nuestras vidas, nada ni nadie nos la puede robar. Porque, quizás, cuando vamos a una reunión, escuchamos las prédicas o leemos, nos olvidamos; vienen los problemas y no nos acordamos lo que acabamos de leer o escuchar; pero cuando Dios se nos revela, al revelarnos una promesa, entendemos Su poder y grandiosidad.
Leíamos de una señorita que pedía oración: “Me cuesta creer, “estoy bajoneada” (argentinismo) o sea deprimida, no puedo salir, Dios no es real para mi…” Cuando uno le pide al Espíritu Santo que manifieste esa verdad, la soledad que sentimos se va, y no vuelve nunca más, porque se nos hace luz que no estamos solos, que Jesús está con nosotros todos los días, y Dios no nos abandona. Se nos hace luz y ese sentimiento que me oprimía no está más. Y por más que pase por situaciones, como dice el Salmo 23, “aunque pase por valles de sombra y de muerte”, no importa, porque sé que el Señor está a mi lado, me va a infundir aliento y me dará fuerzas para pasar al otro lado, llena mi vida de gozo, de paz.
Dios quiere dar revelación a Sus hijos para que cada día andemos en esa verdad, en esa luz que nos fortalece y hace vivir en victoria, como la Palabra nos promete.
Eso de iluminar mi entendimiento es una obra que hace el Espíritu. Esto de que la Palabra de Dios cobre vida para mí, es una obra del Espíritu. Si solo leo la letra, nada más, Pablo dice que “la letra mata, pero es el Espíritu da vida”.
Cuando se iba, Jesús les dijo a Sus discípulos: -les voy a dejar al Espíritu Santo, y en San Juan 16 dice: “cuando él venga les guiará a toda verdad…”. Es la obra del Espíritu Santo: “pero cuando venga el Espíritu de Verdad, él os guiará a toda verdad”, o sea que la Palabra de Dios que ha leído por costumbre, regular o cotidianamente, el Espíritu Santo la usará y “él os guiará a toda verdad, porque no lo hará de su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber todas las cosas que os han de venir”.
Cada vez que se siente a leer la Palabra de Dios, cada vez que se siente en su iglesia y escuche lo que pastores ungidos de Dios hablen, pídale al Espíritu Santo que le guíe a toda verdad, que Su Palabra cobre vida en usted. Así como decía Jeremías, hay algo dentro de mí que me consume los huesos, siento que me arde adentro, es como un fuego. Los discípulos camino a Emaus decían: “nos ardía el corazón”.
Que la Palabra de Dios se manifieste de esa manera en usted, que cobre vida, que le muestre qué es lo que Dios quiere para su vida; que cada promesa que Dios le da, la pueda atesorar en su corazón; así como hacía María, cuando venían los magos, cuando hablaban los ángeles, dice que María guardaba todas esas cosas en su corazón, meditando en ellas. Que usted pueda meditar en cada Palabra de Dios, que el Espíritu Santo añada a lo que comparto, y que su vida sea iluminada, y al conocer la verdad, Dios se manifieste en usted. |