EL EJEMPLO DE LAS SEMILLAS (4ta. Parte)
¿Qué clase de terreno soy?


En la Parábola del Sembrador (San Lucas 8) Jesús dice que el sembrador salió a sembrar, que la semilla cayó en diferentes terrenos, y cada uno representa situaciones o condiciones con las que la gente vive a diario, viene a la iglesia, escucha la Palabra (a través de la radio, la televisión o la leen en los mensajes en nuestra Página Web). Pero, lamentablemente, sus vidas no dan frutos. Viene el diablo y arrebata la semilla, aparece la prueba y entra la duda o se ahoga con los placeres y las presiones. El diablo quita la Palabra de Dios del corazón para que no creamos y no seamos salvos.
¡Sea una buena tierra! Sí, que la Palabra produzca en usted esa transformación. Dios mismo dice en Isaías 55 que envía Su Palabra, y al mandarla lo hace para que dé fruto y fruto en abundancia; para que no vuelva a Él vacía, si no que produzca aquello por lo cual la proclamó. Que La Palabra que recibe en el día de hoy produzca el resultado por el cual fue enviada. Si hay espinos, piedras, si las aves del cielo están revoloteando junto al camino para despojarle de la palabra de esperanza, La Palabra que es verdad y le hace libre, hoy, mi oración es que nada le robe la semilla plantada por Dios. Su semilla es Jesucristo, quien fue a la cruz para brindarle una nueva vida y todas las bendiciones de Dios, porque juntamente con Jesús Dios nos quiere darle todas las cosas. Que esta Palabra, esta semilla, caiga hoy en su corazón y produzca frutos de arrepentimiento y de santidad; que a partir de hoy comience a manifestar la naturaleza divina que mora en su interior.
Jesús dice que Él es la Vid y nosotros los pámpanos, y la esencia divina, la savia de Dios desea fluir a través nuestro, para que cada día más nos hagamos semejantes a Él quien nos creó a Su imagen y semejanza. A través de este proceso de la Palabra de Dios cayendo en mi corazón, impactando mi mente, yo comienzo a ser limpiado y purificado. Justamente cuando Dios habla de la Vid verdadera en San Juan 15 dice: “ustedes ya están limpios por la Palabra que les he hablado”. ¡Que la Palabra de Dios produzca limpieza en su vida! que sea purificado; que todo espino, toda piedra, toda artimaña del enemigo que quiera destruir o impedir la semilla de Dios, hoy sean removidos y quitados del medio.
Que Dios convierta su corazón en “buena tierra” como aquellos que, con un corazón bueno y recto, escuchan la Palabra y la retienen. Tal vez tenga que decirle al Señor: Dame un corazón justo, bueno; que tenga pensamientos puros y honestos, que vea todo lo positivo y todo lo bueno; que pueda recordar las virtudes de los demás y no sus defectos. Cambia mi manera de pensar; si mi corazón está endurecido, si ha crecido una raíz de amargura adentro de mí, te pido que Tú la quites. Hoy te pido, Señor, que perdones mis pecados, y que me limpies de toda maldad e iniquidad.
Haga suya la oración del salmista David: “Dios, crea en mí un corazón recto, un corazón limpio, no eches tu Espíritu Santo de en medio de mí”. (Salmo 51: ) Que pueda sentir la presencia del Espíritu Santo dentro de mí, que el aceite de Tu Espíritu sane toda herida interior, borre todo recuerdo desagradable que me han marcado y han dejado heridas sangrantes. Hoy te pido: ¡sana mi corazón, para que sea un corazón puro, un corazón bueno, un corazón lleno de Tu Espíritu!
Tal vez tenga que pedirle al Señor: Pon tus leyes en mi corazón; pon en mi mente Tus estatutos para que no peque en contra tuyo; quiero guardar Tus preceptos en mi corazón; quiero guardar Tu voluntad en mi corazón; quiero retener la Palabra oída, pero no solo oírla. Señor, dame el poder, la gracia, la fuerza, para ser hacedor de Tu Palabra. Que cada una de las palabras que caiga en mi corazón, transforme mi vida y mi manera de pensar, me permita ver cuales son tus planes y propósitos para mí. Hoy pongo mi corazón, mis sueños, mis anhelos en Tu altar, los presento como sacrificio vivo para poder vivir esa voluntad santa y perfecta que Tú me tienes preparada. No me voy a conformar a este siglo, sino que renovaré mi entendimiento, mi forma de planificar a someteré a Tu voluntad. Tú me das ese corazón recto, retengo la Palabra, no solo que la oigo sino que la pongo en práctica, y sé que siendo perseverante daré frutos, y frutos en abundancia para la gloria de Tu nombre.
Amigo/a, ese es el deseo de Dios, que usted viva una vida que dé frutos en abundancia para la gloria de Su nombre. La Palabra de Dios dice que cuando la semilla cae en buena tierra da al ciento por uno. Dios le llama a ser de influencia sobre un montón de gente a su alrededor; se dice generalmente en el transcurso de nuestra vida tocamos a un promedio de 250 personas. Dios le puso allí, junto todo ese grupo para utilizarlo como una influencia positiva hacia ellos. No recibió la Palabra de Dios como un seguro contra incendio, como para decir “bueno, ya soy salvo, Dios me puede llevar cuando quiera”; no, Dios le dejó en esta Tierra para que fructifique abundantemente, para la gloria de Su nombre. Que a partir de hoy pueda dar frutos y a su vez sembrar la semilla incorruptible de verdad, y que las personas se conviertan en buena tierra y que ellos reciban el poder para ser testigos de Dios para poder contar lo que Él hace en cada uno.
Que hoy usted pueda tomar ese poder de ser testigo de Dios y decir: Señor, yo voy a sembrar Tu Palabra, seré una persona que siembra y dé frutos con perseverancia para la gloria de Tu nombre.

Sí, Señor, este es mi compromiso en el día de hoy. Hoy, agarramos la semilla que Tú plantaste en nuestros corazones, y la sembramos en cada corazón sabiendo que Tú nos darás una gran cosecha. Señor, te doy gracias por el privilegio de servirte, gracias por poder contarle a otros lo que Tu haz hecho en mí. Te consagro mi vida, todo lo que soy y quiero llegar a ser; úsalo para Tu gloria. En el Nombre de Jesús. Amén y amén.-


 
 
   
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